Aspartamo, otros edulcorantes artificiales y la serendipia

ImagenEl aspartamo, o como se conoce comúnmente en muchos lugares del globo terráqueo Nutrasweet, es un edulcorante apreciado por ser bajo en calorías.

Mucho se habla de él hoy en día debido a lo supuestamente ponzoñoso que resulta para la salud, pero ese no es el motivo por el cual protagoniza esta entrada (aunque podría hablar de ello otro día si se me pidiera).

Me gustaría escribir sobre como se descubrió el aspartamo ya que, como en otras muchas ocasiones, el aspartamo lo pudimos conocer gracias a un acto de serendipia (serendipity) como ocurrió con la mayoría de otros edulcorantes, entre ellos la sacarina.

Y es que la aparición de la sacarina irrumpió gracias a Constantine Fahlberg, estudiante del químico orgánico Ira Remsen. Dicho estudiante mientras estaba cenando apreció un agradable sabor dulce en sus dedos y se dio cuenta que debía ser de algo con lo que estuvo trabajando ese día. Averiguó que no era otra cosa que orto-sulfobenzoico. ¿Qué hizo Fahlberg? Pues el avezado estudiante se dispuso a patentar dicha sustancia sin contar con el profesor Remsen, y claro éste último jamás le perdonó que no compartiera parte de la opulencia obtenida.

Otro ejemplo, breve, son los edulcorantes con ciclamato que se descubrieron gracias a un soberbio e indisciplinado estudiante, con el peligroso hábito de fumar en el laboratorio. Éste estudiante trataba de sintetizar un componente antipirético; sin embargo al dar una calada a su cigarrillo, que depositó anteriormente en un extremo de la mesa, se sorprendió al degustar una sensación de dulzor. No pensó que sería esa la génesis de los edulcorantes de ciclamato.

Una forma estrambótica de serendipia en el mundo de los edulcorantes es la que sucedió un buen día de 1976 en el King’s College de Londres. Ocurrió que un alumno extranjero entendió mal las instrucciones del que era su supervisor, el profesor Hough. Éste estaba buscando usos industriales sintéticos de la sacarosa y en su laboratorio ya había conseguido algunos derivados. Uno de esos derivados era la triclorosacarosa. El profesor Hough le pidio al alumno, con ligeros problemas lingüísticos, que comprobara la sustancia en cuestión pero entendió erróneamente que la probara. Y de esta forma tan cómica como peligrosa se descubrió la sucralosa que es una de las sustancias mas dulces pudiendo reemplazar a la sacarosa con una dosis mil veces menor.

Volviendo al aspartamo, James Schlatter era un químico orgánico que trabajaba en los laboratorios farmacéuticos de la antigua compañia G.D. Searle & Company, que hoy forma parte de la gran multinacional americana Pfizer, intentando buscar un tratamiento para la úlcera gástrica. En la síntesis de un péptido que corresponde a la gastrina.

Con un colega de profesión había preparado un compuesto de éste tipo y lo estaba purificando como no podía ser de otra forma, por recristalización.

Os dejo con la explicación de lo que sucedió en palabras del propio Schlatter:

Estaba calentando el aspartamo en un matraz con metanol cuando la mezcla se desbordó [hirvió abruptamente] fuera de él. Como resultado, parte del polvo llegó a entrar en contacto con mis dedos. En una fase ligeramente posterior, cuando chupé mi dedo para coger una hoja de papel, noté un sabor dulce muy intenso. Al principio pensé que debía haber quedado algo de azúcar en mis manos en algún momento anterior del día. Sin embargo, rápidamente comprendí que no podía ser así puesto que posteriormente me había lavado las manos. Por lo tanto, rastreé el polvo de mis manos hasta el recipiente en el que había colocado el aspartilfenilalanina metiléster cristalizado. Pensando que probablemente este éster dipéptido no era tóxico, lo saboreé un poco y descubrí que era la sustancia que previamente había degustado al lamer mi dedo.

Es inevitable, a mi modo de entender, pensar en la temeridad que supone lo que en su día hizo Schlatter. Y es que al bueno de James no solo le bastó con tocar el polvo, ¡también lo saboreó sin saber qué era, ni sus características! Se conformó con la intuición de la no toxicidad de la sustancia.

Afortunadamente en la actualidad es absolutamente obligatorio llevar guantes en los laboratorios, por lo tanto, un descubrimiento de situación similar seria improbable.

Ver: J. M. Schaltter, Aspartame: Physiology and Biochemistry, L. D. Stegink y L. J. Filer, eds. (Marcel Dekker, Nueva York, 1984).

Imagen: Edulcorantes Artificiales

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