¿Aprendizaje o cortesía gatuna?

Al igual que ocurre con los animales del entorno del entretenimiento y de propósitos circenses, también los animales que se encuentran en experimentos de comportamiento suelen obtener lo mejor, están bien cuidados (o así debería ser).

Se recuerda el caso de ‘‘Hans El Listo’’ en 1903, que era presentado como el caballo alemán que tenía unas excelentes cualidades para la aritmética calificándolo su dueño como un prodigio, claro, el espectáculo estaba servido. En dicho espectáculo el caballo parecía realizar cálculos mentales y daba la respuesta correcta a las preguntas golpeando en el suelo el número de veces pertinente.

Clever Hans

Sin embargo, cuando una comisión de psicólogos se dispuso a evaluar este caso, se llego a la conclusión de que el caballo estaba respondiendo a los movimientos “inconscientes” de su dueño que indicaban al animal cuando era el momento oportuno para dejar de dar golpes.

Tras éste ejemplo introductorio vamos a hablar de los gatos y su relación con el bueno de Edwin Ray Guthrie que defendió el principio asociativo de la contigüidad o condicionamiento simultáneo como ley fundamental del aprendizaje.Edwin_Ray_Guthrie_1886-1959

Y es que hace aproximadamente unos 35 años, Guthrie y G. P. Horton describían un experimento en el que se colocaban gatos en una caja laberíntica con tapa de cristal y se les adiestraba para encontrar la salida empujando una barra vertical en la parte delantera haciendo con ello que se abriera una puerta. Lo curioso de esto es que se podría pensar que el objetivo principal era que los gatos pudieran aprender a tropezar con la barra vertical, sin embargo, lo que más importaba es que antes de hacer esto cada animal realizaba una especie de extenso ritual de movimientos muy estereotipados en el que restregaban sus cabezas y lomos contra la parte delantera de la caja, haciendo círculos y tras todo esto, finalmente tocaban la barra.

El experimento figuraba como un clásico de la psicología experimental e incluso algunos empezaron a pensar que los gatos realizaban una especie de ritual supersticioso.

Posteriormente fueron Moore y Stuttard los que repitieron el experimento de Guthrie observando el mismo sofisticado comportamiento de ¿aprendizaje?, pero luego descubrieron que este extraño ritual sólo ocurría cuando un ser humano estaba a la vista del gato, es decir, si no había nadie en la habitación en la que se encontraba el gato en la caja, el minino no hacía otra cosa que dormir.

Por tanto, era percatarse de la presencia de un ser humano lo que impulsaba al animal a realizar esa secuencia aparentemente inútil de movimientos estereotipados, independientemente de la existencia o no de la barra y la puerta.

Por lo tanto, no era una pauta de comportamiento aprendida, simplemente era un gato saludando cortésmente a una persona.

Ver: Late Night Thoughts, de Lewis Thomas (Oxford University Press, Oxford, 1984).

Imagen Clever Hans

Imagen Guthrie

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