Pseudociencias, Educación y Carl Sagan

Quien me conoce sabe que me resulta difícil evadir ciertas cuestiones, ciertos temas de debate. Uno de mis predilectos es el de las Pseudociencias. No es raro verme entrar en debates de esta temática en diferentes situaciones de la vida diaria, lo cual a veces me trae ciertos problemas.

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Es realmente curioso como cada día proliferan estas pseudociencias, aparecen más personajes que se lucran de ellas, y es sorprendente a la par que terrible el respaldo que tienen. En una charla por las redes sociales con dos compañeros discutíamos sobre la homeopatía, el heraldo de la pseudociencia. Salio el tema de la formación y educación de las personas para combatir este tipo de pensamientos deletéreos. Yo no podía estar mas de acuerdo. La educación como arma para erradicar la ignorancia que te hace caer en pensamientos y explicaciones extrañas. Ya lo dijo Neil deGrasse Tyson: “la Ciencia es una vacuna contra los charlatanes del mundo que explotarían tu ignorancia”.

Y es que,  hay que ser bien consciente de la necesidad de la educación sobre las Ciencias para todos, no porque se espere que todos se convirtieran en científicos sino porque es necesario que cada ciudadano deba conocer, al menos en mayor o menor grado, como funciona el mundo real.

En mi vida diaria me encuentro con multitud de personas que no tienen ningún conocimiento, en absoluto, acerca de las idea científicas más simples y básicas. Ni que hablar acerca de la tecnología de que deriva como producto de la Ciencia. Ellos prefieren adoptar ideas místicas para explicar lo que les sucede y es esa ingenuidad la que precisamente los hace presa fácil de otros más avezados que pueden y, efectivamente, en últimas instancias se aprovecharán de ellos.

Es inevitable, cuando nos adentramos en las lindes de las Pseudociencias, que aparezca el nombre de uno de mis personajes científicos favoritos. Carl Sagan.carlsagan

Sagan describía en su libro  de lectura obligatoria para todo ser humano, y seguiré en mi particular cruzada para que sea de lectura recomendada en institutos, “El mundo y sus Demonios”, lo importante que es la educación en la civilización (y más en la actual).

Escribió “Hemos preparado una civilización global en la que los elementos más cruciales como el transporte, comunicaciones, y todas las demás industrias; agricultura, medicina, educación, entretenimiento, medio ambiente… dependen profundamente de la Ciencia y la Tecnología. Y parece que también hemos dispuesto las cosas de modo que nadie las entienda. Eso es, ciertamente, una garantía de desastre. Podríamos seguir así durante un tiempo pero, antes o después, esta mezcla de ignorancia y poder nos explotará en la cara”.

Hace unos 300 años, para nuestra vergüenza, nos sumergimos en un periodo deleznable en el que culpamos a personas inocentes, a las que clasificaron como “brujas”, de los problemas y calamidades que aconteciesen. Se dedicaban a creer que estas personas, mayoritariamente mujeres, usaban pérfidos poderes sobrenaturales para ocasionar las más variopintas desgracias. A estas personas las colgaban y en buena parte de Europa el destino que tenían no era otro que ser quemadas vivas, como castigo, habitualmente en escenarios públicos a modo de advertencia para que los otros de su clase aprendieran lo que les pasaría si utilizaban esas insidiosas prácticas. Una táctica muy disuasoria, muy al estilo de Vlad El Empalador.Brujas Quemadas

Carl Sagan escribió también, en 1995: “Me preocupa, especialmente ahora que se acerca el fin del milenio, que la Pseudociencia y la superstición se hagan más tentadoras de año en año, el canto de sirenas más sonoro y atractivo de la insensatez. ¿Dónde hemos oído eso antes? Siempre que afloran los prejuicios, en tiempos de escasez, cuando sufrimos por nuestro insignificante papel en el Cosmos o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los pensamientos familiares de épocas pasadas toman el control. La llama de la vela parpadea débilmente. Tiembla su pequeña fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan a agitarse.”

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Por desgracia, el Sr. Sagan ya nos dejó hace tiempo, pero su trabajo, su mensaje que tan elocuentemente expresa no puede envejecer. Que a pesar de haber realizado tantos avances, debemos ser siempre cautos. Esos demonios que expresaba Sagan, están ahí fuera, más acechantes de lo que se piensa, esperando su oportunidad. No podemos permitir que cobren fuerza y se adueñen de las personas menos formadas, de ahí la importancia de la educación. Quizá nuestro mayor enemigo sea, en realidad, la ignorancia. Tenemos los métodos y las vías para enfrentarla, y estamos en disposición de hacerlo.

Cuando la gente es poseedora de sólidos conocimientos, del afán y la curiosidad por saber, se puede organizar para oponerse y desterrar esos elementos que amenazan con arrastrarnos al mundo del misticismo.

Sin duda, hemos avanzado mucho, sabemos más. Pero hay mucho más aún por aprender.

Desde hace un tiempo me asalta una pregunta que me hace dudar mucho, y es la siguiente: ¿La educación en la Ciencia garantiza el Escepticismo y el Pensamiento Crítico? Y es que esta pregunta nace al percibir como personas, con títulos universitarios e incluso doctorados en sus respectivas disciplinas, promueven ideas que se alejan mucho de ser científicas. Y más preocupante aún es el respaldo universitario que se les da a estas ideas y por tanto a estas personas.

Sin duda algo sobre lo que pensar.

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