Sigmund Freud, Wilhelm Fliess, el supuesto reflejo nasogenital y el caso de Emma Eckstein (I)

Ya desde los tiempos de las civilizaciones griegas y romanas se intentaban establecer ciertas relaciones entre dos partes del cuerpo humano como son la nariz y los genitales. La relación que estas civilizaciones le otorgaban  a dichas partes solían ser de origen místico, mágico y con profusas alusiones a diferentes demiurgos y figuras mitológicas.

la escuela de atenas

Sin embargo, el intento más profundo y atrevido de relacionar la nariz con la sexualidad no se remonta a  épocas demasiado  pretéritas. De hecho es relativamente reciente ya que tuvo lugar en la primera mitad del siglo XX, cuando el racionalismo se había alzado, en general, sobre la superstición, tomando la ciencia y la tecnología como heraldos del conocimiento.

El punto de partida del nuevo intento de enlace nasogenital  reside en un hecho anatómico poco conocido por las personas: la comunidad de estructura entre partes del aparato nasal y genital.

Como anécdota paralela, se cuenta la historia de un hombre de siglos pasados aquejado de estornudos incontenibles cada vez que se encontraba en presencia de una mujer bella. Y es que ciertas zonas del revestimiento de las fosas nasales, con numerosos vasos sanguíneos de paredes delgadas, microscópicamente, estas zonas son idénticas al tejido eréctil (que solo existe en dos sitios: el cuerpo cavernoso del pene (y su homólogo, el clítoris, en la mujer) y la mucosa nasal) del miembro viril.

Al igual que en el tejido eréctil del pene, la estimulación erótica produce congestión sanguínea en las correspondientes zonas nasales, cuya turgencia basta para desencadenar el reflejo de estornudo en algunos individuos.

De hecho, y como apunte extra, existe la relación entre las mentira y el crecimiento de la nariz conocido como efecto 383836Pinocho, el cual es producido por la liberación de una sustancia química llamada catecolamina que se da en la producción de la mentira, provocando de esta forma la inflamación de los tejidos internos de la nariz según apuntan los científicos de la Fundación para el Tratamiento y la Investigación del Gusto y el Tacto de Chicago. Así que si mientes te crece la nariz, en teoría, aunque desde luego no con la contundencia de Pinocho.

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La tradición médica hindú incluyó la excesiva indulgencia en el deleite venéreo como causa de catarro. La congestión nasal por estimulación erótica puede ser tan intensa que produce hemorragia nasal (epistaxis). Es así que autores del S. XVII, cuando el sangrado era una medida terapéutica bastante extendida, hablaron de pacientes que recurrían a la masturbación para producirse epistaxis, y así aliviarse de intensas cefaléas.

No obstante,  la idea más excéntrica sobre la interdependencia nasal-genital no se generó en aquellas épocas místicas, sino en la edad moderna, en el ámbito más civilizado del mundo occidental y de la mano de dos progenitores. Uno fue Sigmund Freud, padre y adalid del psicoanálisis; el otro, su amigo y coetáneo Wilhelm Fliess, de menor renombre, era un cirujano de oídos, nariz y garganta que ejercía su profesión en Berlín.

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