Apuntes sobre el dolor, sus fases, etnicidad y el Caso de la Srta. C (II)

NoPainPodemos decir que es preferible una vida con dolor que sin él, de hecho, una vida sin dolor tendría consecuencias terribles.  Aunque el dolor es siempre desagradable (excepto en algunos casos y patologías), una persona que no siente dolor está lejos de tener una vida de placer, por antitético que pueda parecer. Podríamos incurrir en el error de creer que una vida analgésica seria agradable, una virtud infusa, y que no sentir dolor sería un regalo. Las ciencias han identificado a pocas personas incapaces de sentir dolor, pero en el estudio de estos casos advierte que una vida sin dolor no es viable.

El caso siguiente corresponde a una joven canadiense, llamémosla Srta. C, que fue descrita por Melzack (1973) como una persona que desconocía por completo el dolor. Era hija de un médico, era una muchacha inteligente que era alumna en la Universidad de McGill de Montreal. Fue su padre quien avisó a sus compañeros de trabajo sobre la situación de su hija y fueron ellos los que investigaron esta insensibilidad al dolor.

La señorita C. era aparentemente normal en todos los aspectos, excepto la salvedad de que nunca había experimentado percepción dolorosa alguna. Siendo una niña se vio expuesta a quemaduras de tercer grado debido a que se subió a un radiador para ver por la ventana. Al no sentir el dolor, no se dio cuenta del terrible daño que le estaba infringiendo a sus rodillas y piernas. No tenia recuerdo de haber estornudado o tosido. Era muy difícil provocar en ella el reflejo de la nausea, además del reflejo de la córnea que protege al ojo, que estaba ausente. La sometieron a diversos estímulos, que hubieran resultado insoportables para una persona normal. Le profirieron descargas eléctricas en diversas partes de su cuerpo, agua caliente, sumergieron partes de su cuerpo en agua fría, casi gélida, por periodos de tiempo de larga duración, pellizcaron sus tendones y le inyectaron histamina bajo la piel. Todo ello con el mismo resultado, ausencia de dolor. Y lo que es más, su presión sanguínea y su pulso respiratorio eran normales y constantes a pesar de estas torturas.

dolor

Esta ausencia de dolor llevo a la Srta. C. a soportar muchos daños y lesiones, no protegiendo sus lesiones ya producidas, y por tanto, empeorando el estado de dichas lesiones. Su insensibilidad le provocó numerosos problemas médicos en las articulaciones y en la columna. Y es que Melzack y Wall (1982) adujeron que la insensibilidad al dolor permite que permanezcan en una postura concreta mucho tiempo, demasiado, provocando la inflamación de las articulaciones. Además, esa falta de dolor hace que descuide sus lesiones e impide una curación apropiada. Y es que un tejido lesionado es muy susceptible de infectarse, y estas infecciones son muy difíciles de tratar si alcanzar tejido óseo.

La señorita C. murió con tan solo 29 años y fue debido a la imposibilidad de manejar un número incontrolado de infecciones múltiples.  Su insensibilidad contribuyo directamente a la propagación ponzoñosa  de las infecciones que acabaron con su vida. La historia de la señorita C. nos ofrece una visión distinta a la que tenemos sobre el dolor,  y ofrece una clara evidencia de que la vida sin dolor no es plausible, no es mejor que una vida con dolor, y que el dolor es una indicación muy útil para evitar que nos expongamos reiteradamente a lesiones, descuidando las heridas o los posibles daños existentes y que pueden ser mortales si se descuidan. El dolor, aunque desagradable, es necesario.

 

Referencias:

Melzack, R. (1973). The puzzle of pain. Nueva York: Basic Books.

Melzack, R. & Wall, P. D. (1982). The challenge of pain. Nueva York: Basic Books.

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