Apuntes sobre el dolor, sus fases, etnicidad y el Caso de la Srta. C (I)

Según se dice el dolor es probablemente “tal vez la forma mas universal de estrés” (Turk, Meichenbaum & Genest, 1983, p.73). Así mismo, que en la canción “Hurt” de Nine Inch Nail y maravillosamente versionada por Johnny  Cash cuenta que “el dolor es lo único que es real”.

Hasta hace aproximadamente un siglo el dolor era considerado con asiduidad una consecuencia directa de un daño físico y orgánico, y que por tanto, la intensidad experimentada era directamente proporcional al alcance, grado y magnitud del daño sufrido en los tejidos. Fue en 1845 cuando A. Strong, entre otros, se replantearon esta perspectiva imperante en esa época y se comenzó a esbozar la idea de que el dolor estaba bajo dos factores. Eran la sensación y la reacción de las personas ante esa sensación dolorosa.  Es decir, que se abogaba por considerar y dar peso equitativo entre los factores orgánicos y psicológicos.

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Keefe (1982) detectó y clasificó la distinción entre tres niveles, etapas o fases del dolor. Estas son: agudas, pre crónicas y crónicas.

El dolor agudo tendría una función adaptativa, pues tendría la función de advertencia para que actúe en consecuencia para evitar que el origen de ese dolor se desarrolle y evolucione en un mayor deterioro. Su duración fue estipulada en una extensión menor a los 6 meses.

El dolor precrónico sería una fase transicional, una estación de paso entre el dolor agudo y el dolor crónico y su importancia capital radica en lo que puede, o no, acontecer en esta fase, que es, o bien, la superación del dolor, o el desarrollo de la sensación de frustración, impotencia e indefensión que acompaña al dolor y que abre el camino al dolor crónico.

?????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????Y, por último, el dolor crónico, que se sitúa más allá del tiempo de curación. “Para que una persona experimente dolor crónico, existe una continua búsqueda del alivio, que no suele conseguirse, produciendo sentimientos desmoralizantes, impotencia, desesperanza y depresión”. (Turk, 1997, p. 148). Así el dolor crónico suele describirse como constante y con tendencia a autoperpetuarse. Además, el dolor crónico suele experimentarse independientemente de un daño contrastado y objetivo de los tejidos orgánicos.

Por otra parte, Bonica (1990) llego a la conclusión de que existían determinados factores psicológicos y medioambientales que influyen notoriamente en el dolor crónico pero que de forma muy poco probable aparecen en el dolor agudo. De esto se extrae que el dolor agudo esta causado exclusivamente por un daño orgánico. Sin embargo, el dolor crónico es un compendio de los daños orgánicos tisulares sufridos y a los que hay que añadir la vivencia propia y personal de ser recompensado por el comportamiento ante el dolor. Así, Bonica coincidía en señalar que el dolor agudo es beneficioso, desde esta perspectiva, ya que advierte y alerta a la persona de que algo no va bien y que se debe actuar para solucionarlo.

De hecho existen ciertos fenómenos médicos que producen la inhibición de la sensación de dolor. El más llamativo es la CIPA o Insensibilidad Congénita al Dolor con Anhidrosis que es una rara anomalía hereditaria del sistema nervioso que produce una ausencia de la sensación dolorosa, calor, presión y frío. Una persona con CIPA no puede sentir dolor o diferenciar temperaturas extremas. Al igual también se han dado casos de analgesia Natural. Las personas afectadas por la inhibición de la sensación de dolor tienen un particular peligro, precisamente por no sentir el dolor, hecho que les hace ignorantes a las señales corporales de dolor agudo que les avisan de problemas orgánicos que deben ser atendidos y, por ende, muchos de estos casos mueren indirectamente por la inacción ante las situaciones amenazantes (imagina, por ejemplo, apoyar la mano sobre un horno de cocina y no sentirlo, o pincharte con un objeto metálico infectado y no poder actuar con rapidez).

Por otra parte el dolor crónico nunca presenta una función beneficiosa, o aparentemente adaptativa, de hecho, suele ser una profusa y profunda fuente de estrés físico, psicológico, social y económico.

 

Referencias:

Bonica, J. J. (1990). Definitions and taxonomy of pain. En J. J. Bonica (ed.), The management of pain (2ª ed., pgs. 18-27). Malvern, PA: Lea & Febiger.

Keefe, E. J. (1982). Behavioral assessment and treatment of chronic pain: Current status and future directions. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 50, 896-911.

Turk, D. C., Meichenbaum, D. & Genest, M. (1983). Pain and behavioral medicine: A cognitive behavioral perpective. Nueva York: Guilford Press.

Turk, D. C. (1997). Pain: A multidimensional perspective. En A. Baum, S. Newman, J. Weinman, R. West & C. McManus (eds.), Cambridge handbook of psychology, health and medicine (pgs. 146-150). Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press.

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